
René Dávila
MÉXICO.-Los compromisos de la Alianza por la Calidad de la Educación fueron hechos sin ser consensuados y presentan una brecha muy grande entre lo prometido y lo que se puede hacer, señaló Carlos Muñoz Izquierdo, académico de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (UIA).
Durante el Debate educativo ¿Alianza por la calidad de la educación? “Acuerdo SEP–SNTE”, organizado por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación y el Departamento de Educación de la UIA, donde estuvieron Sylvia Ortega Salazar, rectora de la Universidad Pedagógica Nacional, y María Eugenia Linares Pontón, de ACUDE Hacia una Cultura Democrática, agregó que en la alianza el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no realiza una autocrítica, no identifica la responsabilidad de los docentes en el problema y no establece por qué está como ahora la educación.
De las innovaciones para este sexenio, dijo que la reforma curricular que propone el desarrollo de competencias y habilidades, inglés desde preescolar e interculturalidad, no considera un proceso de experimentación y difusión gradual; mientras que los estímulos a la calidad docente a quienes eleven los resultados en la prueba Enlace no prevén el “peligro” de que ésta sólo evalúa conocimientos, no habilidades.
Sylvia Ortega opinó que la alianza encara el problema de transformar el sistema educativo, tiene una perspectiva pragmática que señala estrategias y compromete ciertas metas, aunque carece de una falta de atención a la diversidad y repite buena parte de las medidas tomadas en los años 90 (que no funcionaron).
La equidad y la justicia deben ser el centro de la política educativa, la calidad el hilo conductor y el aprendizaje la meta de todos. En tanto que los docentes son la variable crítica para cualquier proceso de reforma, por lo cual se les debe seleccionar y formar bien a través de la educación continua, para convertirlos en instructores efectivos.
Si no hay una alianza entre las universidades, las normales y la Pedagógica Nacional, un esfuerzo académico conjunto y serio con implicación política, el tema de la formación del magisterio no tendrá solución.
Para María Eugenia Linares la alianza es un pacto político no un documento técnico, no es una reforma en el sentido estricto, no aborda el origen del problema de la educación y plantea metas pero no cómo las alcanzará.
Debió ser definida por las autorices educativas y los docentes, no el SNTE, que presentó “un rompecabezas” hecho por personas con enfoques variados, que pueden ser una voz desde su papel político mas no desde el académico.
Acuerdos políticos como el de la alianza no harán los cambios que México necesita, por eso la sociedad debiera ser voz crítica y señalar las inconsistencias, aunque organizaciones como el Observatorio Ciudadano de la Educación han tenido dificultades para influir en las políticas educativas y, ser un contrapeso del SNTE y la Secretaría de Educación Pública.
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