DE NADA SIRVEN SIMULACROS SI NO SE LES CONCEDEN SERIEDAD E IMPORTANCIA
René Dávila
MÉXICO.-De nada sirven los simulacros si no se le conceden la seriedad e importancia necesaria, toda vez que a pesar de que han pasado 23 años de los movimientos telúricos que estremecieron a la Ciudad de México en 1985, un segmento de la sociedad aún no toma conciencia del riesgo que implica vivir en una zona altamente sísmica, aseguró el catedrático e investigador del Instituto Politécnico Nacional, Pedro Vera Sánchez.
El geólogo de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA), Unidad Ticomán -quien participó en elaboración del “Atlas de Riesgo de la Ciudad de México”-, se pronunció porque los simulacros que se realizan en hospitales, escuelas y centros de trabajo sean evaluados y supervisados por organismos externos, integrados por especialistas en sismología, geología y protección civil, para que determinen el grado de efectividad de cada ejercicio, a fin de exigir un mayor rigor en los procedimientos de protección civil.
Puso como ejemplo la ciudad de Tokio, Japón, donde la población tiene profundamente arraigada la cultura de la protección civil, porque han aprendido que la diferencia entre salvar la vida y morir en un sismo, depende en gran parte en los conocimientos de prevención que inculcan desde edades tempranas.
Es impostergable intensificar las campañas de protección civil en los centros escolares desde nivel básico, para fomentar e inculcar una cultura en esa materia y disminuir probabilidades de desgracias personales y materiales cuando ocurra un fenómeno natural de esa índole. Estas medidas que se proponen para dar mayor rigor a los procedimientos de protección civil, obedecen a que de acuerdo con científicos existe la posibilidad de que ocurran movimientos telúricos similares al de 1985, dado que vivimos en una zona altamente vulnerable a los sismos.
La Ciudad de México está asentada sobre lo que fue una zona lacustre, rodeada de cerros y volcanes que tienen una alta resistencia mecánica, que ante la presencia de un temblor, las ondas sísmicas chocan y se propagan al suelo lodoso del Valle, ocasionando que los movimientos telúricos sean más fuertes.
La capital del país es una de las zonas más densamente pobladas del planeta, donde existen miles de edificaciones antiguas o pesadas que por el paso del tiempo se han convertido en factores de riesgo para la población.
Una de las lecciones que dejaron los sismos del 19 de septiembre de 1985, fue el reforzamiento de los reglamentos de protección civil y de construcción. Por ello se hizo más rigurosa y exigente la normatividad para la calidad y resistencia de materiales de construcción, la realización de estudios de mecánica de suelos y toda una serie de medidas que permiten edificar cimentaciones más sólidas y resistentes.
Finalmente, exhortó a la población a dejar la apatía y acercarse a los comités de protección civil de sus comunidades, escuelas, centros de trabajo y espacios públicos, para aprender más acerca de los sismos y fenómenos naturales, y conocer las medidas preventivas que permitan estar preparados en caso de alguna contingencia.
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